Falta de control y conducción negligente: ola de accidentes de buses revela que alguien no está cumpliendo su trabajo en Tarija
En menos de una semana, al menos siete personas perdieron la vida y decenas resultaron heridas en tres accidentes de buses registrados en distintas rutas del departamento de Tarija. La seguidilla de tragedias ha encendido las alarmas y deja una pregunta inevitable: ¿quién está controlando el transporte interdepartamental?
El hecho más reciente ocurrió este viernes en la ruta al norte, a la altura de Falda la Queñua, cerca de Choroma, donde un bus de la empresa San Lorenzo volcó cuando estaba a una hora de llegar a Tarija. El accidente dejó dos personas fallecidas —un hombre y una mujer— y cerca de 30 heridos, entre ellos niños, adultos mayores e incluso una mujer embarazada.
Días antes, otro siniestro en la ruta a Villazón, en la zona de Tojo, terminó con tres personas muertas tras un embarrancamiento de más de 200 metros. A esto se suma un tercer accidente, en la carretera a Bermejo, donde un vuelco lateral provocó la muerte de una mujer y dejó al menos cinco heridos.
Aunque las investigaciones continúan, las primeras hipótesis coinciden en un patrón preocupante: la posible responsabilidad humana, ya sea por imprudencia, exceso de velocidad o conducción negligente.
Más allá de los informes técnicos, la reiteración de estos hechos expone una falla estructural en los controles. No se trata de hechos aislados, sino de una cadena de accidentes que apunta a la falta de fiscalización efectiva sobre las empresas, los vehículos y, sobre todo, los conductores.
La preocupación ciudadana crece frente a prácticas peligrosas que persisten en el transporte: manejo temerario, exceso de velocidad y, según denuncias recurrentes, incluso consumo de alcohol al volante. La sensación es clara: alguien no está cumpliendo su trabajo.
Urge reforzar los controles, garantizar revisiones técnicas rigurosas y exigir capacitación permanente a los choferes. La seguridad vial no puede seguir dependiendo de la suerte ni de la improvisación.
Tarija no puede normalizar estas tragedias. Cada accidente deja familias destrozadas y evidencia que el sistema de control está fallando. Es momento de asumir responsabilidades y actuar antes de que la próxima semana vuelva a sumar más víctimas.