El cielo que atrapó a Van Gogh: la Luna y Venus revelan la fecha en que observó ‘La noche estrellada’
Un grupo de científicos afirma que la famosa pintura coincide con la posición de los astros en el cielo de las primeras horas del 22 de julio de 1889, más tarde de lo que se creía
Hay algunas pistas. Está la Luna, después Venus y luego también un grupo de estrellas. Todos ubicados en una posición sospechosamente similar a la que pintó Vincent van Gogh en La noche estrellada (1889). Solo que sería más bien la madrugada. Y no de junio —como se pensaba—, sino de julio. Pero tampoco cualquier cielo de julio: sería específicamente el de las primeras horas del día 22. Estas son algunas conclusiones a las que un grupo de investigadores surcoreanos ha llegado tras estudiar la posición de los astros, los registros del tiempo en los alrededores del asilo de Saint-Rémy —donde el pintor estaba internado— y de reconstruir el encuadre del cielo que observó el artista desde la ventana de su habitación en ese pueblo al sur de Francia. Los resultados pueden leerse en un artículo publicado este jueves en Scientific Reports .
No es la primera vez que la ciencia intenta desentrañar la fecha exacta de La noche estrellada . “Sentí que el cuadro me llamaba”, justifica en un comunicado Elijah Jeong-hyun Kim, uno de los autores del artículo, respecto a los casi 40 años que han pasado desde las primeras pesquisas. Fue en la década de los ochenta cuando se propusieron dos fechas tentativas para el cuadro: o bien el 17 de junio (presentada por el astrofísico Charles Whitney, en 1986) o el 19 del mismo mes (defendida por el historiador Albert Boime, en 1984). El problema es que eran incompatibles entre sí. Para llegar a esta nueva estimación, los científicos simularon los cielos nocturnos de 1889 que pudo haber visto el pintor desde la ventana del sanatorio, y comprobaron que solo una madrugada reunía la misma disposición de los astros del cuadro, la del 22 de julio.
Una de las principales inconsistencias de datar la pintura en junio de 1889 es la fase lunar. Los investigadores de la Universidad de Kyung Hee, en Seúl, encontraron que, hacia mediados de ese mes, el satélite estaba en “fase gibosa menguante”. Es decir, la superficie brillante era mayor de la que se puede ver en la obra del pintor holandés. Por lo que, si alguien —daba igual si fuera un pintor, un alguacil o una monja— alzaba la mirada durante las noches de mediados de junio de 1889, se toparía con una Luna más gorda , que reflejaba la luz en el 63% de la cara visible desde la Tierra. En contraste, durante la madrugada del 22 de julio de 1889, el satélite se encontraba en una fase creciente menguante (con apenas un “28% de iluminación”). Una imagen mucho más cercana a esa forma de uña —o de croissant— que se ve en La noche estrellada .
Una segunda coincidencia que encontraron los autores tiene que ver con Venus (la estrella más brillante y blanca de la composición, junto al gran ciprés del primer plano). Durante esas primeras horas del 22 de julio, el planeta también habría sido visible, y en un ángulo muy similar al que plasmó Van Gogh desde el Monasterio de Saint-Paul-de-Mausole, donde se había recluido después de cortarse la oreja. Ese monasterio devenido en sanatorio fue un lugar particularmente fértil en la vida artística del pintor. Allí, además de La noche estrellada , nacieron otros cuadros famosos del neerlandés, como Los lirios (1889) o Los almendros en flor (1890).
Pero hay una tercera pieza en el rompecabezas. Aunque existe consenso respecto a que Venus y la Luna están representadas en el cuadro, las opiniones varían respecto a las demás estrellas. Frente a quienes consideran que se trata de una composición fantástica, fruto de la imaginación y de los recuerdos de Van Gogh, los investigadores del estudio sugieren otra cosa. Gracias al análisis de las formas de cinco de los astros centrales de la composición, y tras emplear una técnica estadística para comparar formas, concluyeron que sería probable que el pintor postimpresionista estuviese viendo al grupo de estrellas de las Híades, en la constelación de Tauro. En La noche estrellada confluyen ambos elementos, sugiere este trabajo: imaginación y realidad.
Las pistas que siguieron los investigadores van más allá de la astronomía. El equipo dirigido por Kim consultó las cartas que Van Gogh envió a su hermano Theo y cruzó la información sobre la salud del pintor con los registros meteorológicos de Saint-Rémy y sus alrededores. Al analizar los detalles (patrones de viento o las temperaturas) hallaron diversos indicios que podrían reubicar la segunda crisis de salud de Van Gogh a finales de julio, y no a mediados, como se pensaba. Esta reevaluación despeja uno de los obstáculos cronológicos y hace posible, además, la teoría del estudio: que el pintor se habría podido inspirar en la madrugada del 22 de julio de 1889.
Los propios autores, sin embargo, admiten que ninguna de estas pruebas basta por sí sola: los registros del tiempo del siglo XIX son incompletos, no se conserva un informe clínico que fije el día de la crisis y el parecido de unas formas astronómicas puede ser, al fin y al cabo, fruto del azar. Pero eso es lo más intrigante de piezas como La noche estrellada . Que 137 años después, todavía inquietan a quienes las contemplan y dejan nuevas preguntas a su paso. Como esta: ¿Qué habrá visto Van Gogh —en caso de estar despierto— durante la madrugada del 22 de julio de 1889 al mirar por la ventana? ¿La idea de un cuadro nuevo o la materialización de uno que ya había pintado?