CIENCIA EN BOLIVIA

Chacaltaya: ocho décadas de ciencia entre el espacio y el clima

Chacaltaya concentra investigaciones sobre el espacio, la atmósfera y el cambio climático

Chacaltaya, montaña boliviana ubicada a más de 5.200 metros de altura, mantiene una trayectoria científica de más de ocho décadas. El sitio fue escenario de investigaciones que ayudaron a confirmar el pión, participó en estudios del sistema Tierra-Luna antes de la llegada del hombre a la Luna y actualmente genera información sobre la atmósfera y el cambio climático. Su glaciar desapareció en 2009.

La actividad científica comenzó con el estudio de los rayos cósmicos y evolucionó hacia distintas áreas de la Física, la observación astronómica y la investigación atmosférica. En 1947, el brasileño César Lattes llevó detectores hasta la montaña junto al grupo del físico británico Cecil Powell, con el apoyo del científico español Ismael Escobar. En Chacaltaya se registraron 30 eventos relacionados con la investigación del mesón pi, frente a dos observados en una zona montañosa de los Pirineos. Los resultados, publicados en Nature, contribuyeron a confirmar la existencia del pión. Hideki Yukawa recibió el Premio Nobel de Física en 1949 por su predicción teórica de los mesones y Powell obtuvo el galardón en 1950. La UMSA consolidó luego su Laboratorio de Física Cósmica, que inició oficialmente sus actividades en 1952.

Investigaciones vinculadas con la Luna

En 1962, científicos estadounidenses llegaron a Chacaltaya enviados por el programa de Astrogeología del Servicio Geológico de Estados Unidos para observar los puntos de libración L4 y L5 del sistema Tierra-Luna. El objetivo era buscar evidencias de las nubes de Kordylewski, concentraciones tenues de polvo que podían incluir material procedente de la Luna. La altura, los cielos nocturnos oscuros y la ubicación cercana a la Línea del Ecuador ofrecían condiciones favorables para esas observaciones.

La investigación contó con participación boliviana. En 1963, el entonces mayor del Ejército, ingeniero geodesta y astrónomo José Antonio Zelaya trabajó con el equipo científico durante varios meses. Entre junio y noviembre obtuvo decenas de placas fotográficas de las regiones L4 y L5 y realizó mediciones con un telescopio especial. Para evitar que la cúpula afectara las imágenes, sacaba el equipo al exterior y trabajaba a la intemperie, con vientos fuertes y temperaturas de hasta 23 grados bajo cero. La energía eléctrica utilizada por las cámaras provenía de la estación de rayos cósmicos de la UMSA. Estos trabajos se realizaron siete años antes de que el ser humano pisara la Luna y formaron parte de investigaciones relacionadas con la exploración lunar y el posterior programa Apolo.

Una estación para estudiar la atmósfera

Actualmente, Chacaltaya alberga una estación de la red de Vigilancia de la Atmósfera Global de la Organización Meteorológica Mundial. Allí se monitorean gases de efecto invernadero, aerosoles, radiación y otros componentes atmosféricos. En 2022, la estación alcanzó la categoría de Estación Global. “Chacaltaya tiene la categoría de estación global, es la segunda estación global en toda Sudamérica y la única en Los Andes”, explicó Marcos Andrade, director del Laboratorio de Física de la Atmósfera de la UMSA. Los datos son enviados a redes internacionales y pueden ser utilizados para estudiar la evolución de la atmósfera y el cambio climático.

La ubicación permite analizar masas de aire provenientes del océano Pacífico, el Atlántico, la Amazonia, La Paz y El Alto, así como los materiales que transportan y sus efectos sobre la atmósfera. Entre abril y mayo de 2026, 14 científicos de Europa y Estados Unidos llegaron a Bolivia para evaluar las capacidades de la estación con miras a una futura integración a Actris, infraestructura internacional que reúne estaciones y laboratorios especializados en aerosoles, nubes y gases atmosféricos. Para Martín Subieta Vásquez, director del Instituto de Investigaciones Físicas de la UMSA, la historia de Chacaltaya debe llegar a las aulas y mostrar que Bolivia cuenta con una trayectoria científica vinculada al conocimiento del átomo, el núcleo y la atmósfera. “¿Tiene sentido que se estudie Física en el país? La respuesta es sí, porque tenemos una historia detrás”, sostuvo. La montaña que perdió su glaciar continúa produciendo datos sobre los cambios del planeta.